Luz Zárate

Celaya.- Un día antes de las explosiones del ‘Domingo Negro’, en el que murieron al menos 72 personas y hubo más de 350 personas lesionadas, Juana Ramírez le dijo a Angélica Vargas Bocanegra, la dueña de la Abarrotera Celaya, donde explotaron toneladas de pólvora aquel 26 de septiembre de 1999, que quitara de las vitrinas unas ‘palomas’ (cohetes) que les estaba dando el sol, pues se corría el riesgo de que se prendieran.

Era sábado cuando Juana –que en aquel entonces vendía fruta frente al negocio que explotó- le dijo Angélica que podían prenderse los cohetes y demás juguetería pirotécnica que tenía en exhibición y le recomendó quitarla o poner trapos húmedos en la vitrina. Sin embargo no le hizo caso.

Por el contrario, Angélica, esposa de Ignacio Ojeda (que era el dueño de la Abarrotera y quien murió por la explosión), respondió a la comerciante que sólo pensaba en muerte. Al otro día, toneladas de pólvora explotaron y dejaron un escenario de muerte y destrucción en la zona de Antonio Plaza frente a la Central de Autobuses.

Vecina advirtió el peligro

Alejandro Pérez Mote, esposo de la señora Juana Ramírez y presidente de la Unión de Comerciantes Independencia 1810, contó que en aquel entonces su pareja quedó muy dañada por lo vivido, pues aunque libró la segunda explosión -que fue la más fuerte y letal para quienes la vivieron- tiene muy presente que en varias ocasiones advirtió que podría suceder una tragedia, pero jamás se imaginó la magnitud de esta.

El líder de los comerciantes aún recuerda la manera en que llegó corriendo al lugar de la explosión para ver en qué podía ayudar a sus agremiados y amigos. No obstante, se encontró con un escenario de muerte, sólo atinó a correr y sentir de lejos la tercera explosión.

“Ella me dijo que empezó la explosión con las ‘palomas’ que había en una vitrina y que estaban bien grandes, pero un día antes ella le había dicho a la señora Angélica, que le echara unas toallas o trapos mojados porque podían explotar con el rayo del sol que estaba pegando en el cristal, pero ella le dijo: ‘¡ay María, tú solo piensas en la muerte!, ¡no pasa nada!’. Sin embargo, al otro día domingo sí pasó, porque los rayos del sol hicieron que se calentara el cristal y ahí empezó la explosión y se siguió otra más delante y hubo hasta unan tercera explosión”, platicó el señor Alejandro.

‘El güero’ pide ayuda para comprar prótesis

Francisco Javier Ramírez Sánchez, mejor conocido como ‘El Güero’, es rápidamente identificado por una serie de fotografías que se tomaron aquel día de las explosiones y donde quedó plasmado el momento en que perdió sus dos piernas.

Hoy, a 22 años de la tragedia, pidió ayuda de las autoridades municipales, estatales o alguien de buen corazón, que lo ayude a comprar sus dos prótesis.

Los aparatos que tiene los lleva usando 14 años ininterrumpidos; hoy ya no le sirven, pues están en malas condiciones y rotas pues su vida útil era de tres años. Además, le sacan llagas debido a las condiciones en que están y a que se las pega con silicón automotriz. Hoy las usa remendadas y vive con el miedo de que en cualquier momento se le puedan romper definitivamente.

Hace dos años, Francisco acudió al DIF municipal en busca de ayuda, pero ahí le dijeron que sólo le podían aportar la mitad de su costo, el cual asciende a alrededor de 56 mil pesos. Sin embargo, no las pudo comprar por falta de recursos.

‘El Güero’ tiene la mitad de su vida valiéndose de un par de prótesis para poder caminar, es mecánico, de él dependen sus seis hijos, su esposa y su papá de casi 80 años, que son quienes le dan fuerza para seguir adelante y poder levantarse cada día.

“El día del 20 aniversario me mandaron al Ingudis a que me valoraran, ahí revisaron mis prótesis y vieron que en su totalidad ya no están útiles para uso, me dieron la cotización y me comentaron que el DIF aporta la mitad, yo me entrevisté con la directora del DIF pero dijo que debo poner la mitad, pero de ¿dónde quieren que lo aporte?, de dónde quieren que lo saque si estoy al día, con lo que saco apenas saco para comer y sobrevivir. Yo si tuviera los medios de tener dinero o algo así, yo ya me las hubiera arreglado desde cuándo”, lamentó.

Muchos olvidan la fecha

Este domingo 26 de septiembre se cumplen 22 años de aquel ‘Domingo Negro’, episodio de la historia de Celaya que los jóvenes no recuerdan, pero que los adultos aún tienen presente en su memoria y que para muchos aún duele.

Según las cifras oficiales murieron 72 personas y hubo 350 heridos, pero el obispo de aquel entonces, Jesús Humberto Velázquez Garay, declaró haber visto más de 100 cuerpos calcinados.

El cronista de la ciudad, Fernando Amate señaló que, desafortunadamente la tragedia de 1999, cada vez ha quedado más en el olvido de las personas, pocos lo recuerdan pero no debería de ser así.

Este año no habrá nuevamente misa en el lugar de la explosión, tal como se hacía los primeros años posteriores a la tragedia, ya únicamente se realiza un rezo en el sitio donde ocurrieron las explosiones y al cual acuden algunos familiares de los deudos y otras personas que recuerdan lo sucedido y elevan una oración por los caídos en el lugar.

Del júbilo al luto en un minuto

Aquel día de 1999, decenas de celayenses festejaban el triunfo del equipo de futbol local contra las ‘Chivas’ del Guadalajara en Jalisco, otros realizaban sus actividades como cualquier domingo familiar, unos más visitaban los mercados, acudían a misa o simplemente descansaban.

De pronto, la tranquilidad de los ciudadanos se interrumpió con la noticia que conmocionó a todos: en los noticieros se decía que una gran parte de Celaya había desaparecido producto de una explosión.

El estallido de cuatro toneladas de pólvora y juguetería pirotécnica almacenadas en una bodega ubicada en la calle Antonio Plaza de la zona de la central de Abastos movilizó al Cuerpo de Bomberos, que se dirigió a la zona para controlar el incendio que se había propagado con rapidez en varios establecimientos aledaños al siniestro.

Pero minutos después se produjo una segunda explosión, la más poderosa, que se escuchó en toda la ciudad y que provocó la muerte de decenas de personas y más de 35 lesionados. Ocurrió un tercer estallido que, aunque fue de menor intensidad, también dejó heridos a varios.

Entre los fallecidos había trabajadores del negocio, el dueño, personas que realizaban alguna actividad en el lugar o cerca del sitio donde ocurrió el siniestro, a quienes sorprendió la explosión, así como otros que sólo acudieron a ayudar, además de comerciantes, paramédicos, bomberos y el reportero gráfico Leonicio Lira, que fue uno de los primeros en llegar al lugar a realizar su trabajo.

Las investigaciones concluyeron que la tragedia fue resultado del almacenamiento ilegal de cuatro toneladas de pólvora y fuegos artificiales en la bodega de la ‘Abarrotera Celaya’.

El resultado final del ‘Domingo Negro’ fueron 72 personas muertas, más de 350 lesionados e incalculables daños materiales.