Difícilmente puede llegar a sorprender con algún anuncio un presidente que habla más de dos horas diarias. Pero de pronto hay definiciones, hay símbolos, que surgen en un discurso como el que ayer por la tarde marcó la conmemoración de los dos años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

1.- La izquierda antimilitarista. La primera de 4 interrupciones con aplausos de los 70 asistentes a la ceremonia, fue para las Fuerzas Armadas. La segunda para los secretarios de Marina y Defensa Nacional. Es decir, la mitad de los aplausos se lo llevan las Fuerzas Armadas, pilar del gobierno que prometió desmilitarizar el país.

2.- ¿Logros? En la larga lista de supuestos logros de gobierno enumerados por el presidente figuraron cosas como: se realizaron 504 conferencias (mañaneras) de prensa; las remesas que mandan los paisanos en Estados Unidos llegaron a 40 mil millones de dólares; se realizaron la ceremonia del Grito y los desfiles del 16 de septiembre y el 20 de noviembre; no ha habido apagones ni falta de agua; se da periódicamente la información de quién es quién en los precios; se ofreció asilo a Evo Morales; se rifó el avión presidencial (que no se rifó ni se ha vendido); no se ha dejado de pagar a médicos, maestros y soldados, y se estableció en la primaria la materia de “vida saludable”.

3.- El gobierno de un solo hombre. Al comenzar y al terminar la ceremonia se rindieron “honores al presidente”; no a la bandera, al presidente.

4.- Ahorro invisible. Sin alterar el gesto, el presidente afirmó que en dos años, gracias al combate a la corrupción, su gobierno ha ahorrado ¡1 billón 300 mil millones de pesos! No dijo dónde está ese dinero o en qué se usó. Con tan espectacular ahorro, las dependencias federales no tendrían por qué andar pellizcando los aguinaldos de los burócratas, el gobierno no tendría por qué estar cancelando fideicomisos ni tendría que seguir la escasez de medicamentos y vacunas.

5.- Mentiras redondas. Su gobierno enfrentó con “valentía y eficacia a la pandemia”. “Hemos salvado miles de vidas”. “Se auspicia la igualdad de género”. “Ya no hay masacres”. “No se tolera la corrupción”. “En mi gobierno no hay impunidad para nadie”. “No se han violado derechos humanos de los migrantes”. Una retahíla de datos y hechos desmienten al presidente.

Pero en fin, es su realidad. Ya estamos acostumbrados a que él viva ahí.