Un siglo no es nada para don Vicente

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Trabajó en los ferrocarriles y en el campo; tiene 30 nietos y 50 bisnietos

Onofre Lujano

ACÁMBARO, Gto.- Una auténtica historia de tenacidad humana es  la de Vicente Flores Romero, un exferrocarrilero, que recuerda con nostalgia los años que trabajó en este gremio.

“Con ella (su esposa) tuve siete hijos, algunos viven en Acámbaro, otros en Querétaro, todos son buenos conmigo, me aprecian y  convivo con ellos, aunque ya no puedo caminar y estoy en mi casa en San Isidro, estoy solo, esperando cuando me voy. Espero que Dios me lleve pa’ arriba”

Vicente Flores

Ayer en el templo de  San Juan Diego, en la colonia Ferrocarrilera, sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, le festejaron sus 105 años. Nació un 15 de julio de 1912, en el poblado de Buena Vista, Michoacán.

Don Vicente Flores, apoyándose en su bastón al llegar al templo, se quitó el sombrero. En el lugar estaban sus hijos Rosalinda, Reynaldo, Rodolfo, Leticia, Jaime, una nieta de su primer matrimonio, Claudia Flores Pérez y su hijo Gustavo Sánchez. Tiene 30 nietos, y más de 50 bisnietos, además de los tataranietos, una descendencia que se acumuló a lo largo de su fructífera vida.

Don Vicente narró que empezó a trabajar en el ferrocarril en 1932, donde se jubiló trabajando en el departamento de almacenes.

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Recuerda con nostalgia que la empresa de Ferrocarriles Nacionales lo envió un tiempo a trabajar al estado de Guerrero, en un poblado llamado Totoltepec, “ahí trabajé como constructor de un ramal de ferrocarril, estuve seis años, me trajeron a la Ciudad de México, y más tarde llegué a Acámbaro  para jubilarme y tener mi familia”. Aunque también tiene muy grabado su paso por la labor del campo en Buenavista, Santa Rita.

Cuenta que se alimenta de frijoles, quelites y verdolagas, “me gustan mucho y ahora que vivo solo, mis hijos que viven en Acámbaro, me apoyan, aunque también voy de vez en cuando a Querétaro, donde tengo a más hijos, Reynaldo, Jaime y Rosalinda. En Acámbaro estoy más tiempo con Rodolfo”.   Recuerda con cariño a su esposa María Hernández López, quien era originaria del Estado de México.