Parentalidad

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¿Más vale un golpe a tiempo?

Hoy deseo compartirte las palabras de las alumnas de la carrera de psicología de la Universidad Incarnate Word, Campus Bajío, Regina Razo Rivera y Victoria Rodríguez Vaca, en alusión al libro de mi autoría Cero golpes. 100 Ideas para la erradicación del maltrato infantil, enunciadas en el marco del Día del Psicólogo:

La ONU asegura que en el mundo existen 275 millones de niños que son maltratados con golpes, insultos, humillaciones y abandonos. La UNICEF estima que en México, el 62% de los niños y niñas han sufrido maltrato en algún momento de su vida, 10.1% de los estudiantes han padecido algún tipo de agresión física en la escuela, 5.5% ha sido víctima de violencia sexual y un 16.6% de violencia emocional.

A lo largo de nuestro semestre, en la materia de Desarrollo Humano en la Infancia leímos el libro Cero golpes, de Gaudencio Rodríguez, donde nos dimos cuenta que este es un tema que debe darse a conocer, pues existen muchas formas de dañar a los niños, unas son más intensas que otras, pero todas ameritan igual atención porque el daño se anida en el cuerpo y en la mente del niño, provocando consecuencias negativas no sólo a corto plazo, sino también en su personalidad adulta.

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“Te pego por tu bien”, “Por una vez que le pegue no se va a traumar”. Estas son ideas que aún ponen en práctica los padres y madres en el proceso de educación de sus hijos, ideas que son analizadas en el libro Cero golpes. Investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo (ONU, UNICEF) concluyen que los golpes pueden causar daños neurofisiológicos y en el comportamiento social del niño.

México revalidó su compromiso ante la Convención sobre los Derechos del Niño en 1990, y esto obliga a nuestro país a tener leyes es instituciones que vigilen este mandato: “todas las niñas, niños y adolescentes, sin ninguna excepción tienen derecho a una vida libre de violencia”. Sin embargo, las autoridades mexicanas no han cumplido con este compromiso en lo que al castigo corporal se refiere —o sólo parcialmente—, y por ello, Gaudencio Rodríguez invita a la sociedad en su conjunto a no ser pasivos ante el maltrato infantil, ya que los niños son responsabilidad de sus padres y de todos los adultos que conforman la sociedad.

El comportamiento inadecuado de los niños no se da por una condición o rasgo, simplemente es una cualidad humana. Cero golpes muestra una oposición total al castigo físico en la crianza de niños y niñas, además de advertir que la violencia resulta inútil como método educativo, pues no es necesario ni benéfico golpear a los niños bajo ninguna circunstancia ni como último recurso.

Los educadores dejan huella profunda en la vida de los niños. La pregunta es: ¿qué tipo de huella, positiva o negativa? El libro es una invitación a conocer la complejidad del problema, es una oportunidad para mirar críticamente nuestras relaciones con los niños y niñas, y es también, una propuesta para cambiar las prácticas educativas y de crianza autoritarias por un modelo de buen trato que permita el desarrollo sano y pleno de la infancia.

El castigo corporal es utilizado como estrategia educativa porque ha formado parte de las costumbres —situación que lo hace parecer correcto—, porque nada lo impide, porque forma parte de lo privado, porque es sencillo y fácil —los instrumentos están a la mano— y porque aparentemente funciona: el niño o la niña, obedece. No obstante, la violencia asegura un futuro violento al continuar sentando las bases de formación de adultos que tendrán una referencia introyectada la normalización del uso de los golpes, del maltrato.

La crianza es el arte de cuidar, formar y acompañar a un niño/niña en la aventura de la vida. Criémoslos y eduquémoslos sin humillaciones ni miedos. Criemos seres humanos responsables, autónomos y felices. Lo cual requiere tanto de amor como de límites.

Para muchas personas es más eficaz dar un golpe a los hijos que dedicarles tiempo y atención, es por esto que esperamos que la plática sobe el libro Cero golpes los invite a ser personas suficientemente sanas y conscientes de su vida, para así lograr una cultura del buen trato de padres hacia hijos.