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Entre negligentes y oportunistas

 

rbara Botello

Es increíble y triste a la vez darnos cuenta cómo por la negligencia y el oportunismo estemos en riesgo de perder el Estadio León.

¿Cuánto pagó Zermeño por el estadio? ¿En qué momento un inmueble construido con recursos públicos y administrado por una asociación civil terminó en manos de particulares?

La historia jurídica dice que los errores comenzaron en 2010, en la administración del panista Jorge Carlos Obregón Serrano; en ese entonces se creó el fideicomiso que sería clave para que el inmueble quedara en manos del Municipio.

El plan era bueno. Pero no lo ejecutaron bien.

La historia se complicó aún más en 2007. El Ayuntamiento extinguió el fideicomiso, que debía durar hasta 2013 pues su vigencia era de 10 años, lo que fue aprovechado por Roberto Zermeño para iniciar la batalla legal para adueñarse del estadio.

Desde la creación del fideicomiso, el Municipio no puso los candados suficientes para evitar poner en riesgo el patrimonio de los leoneses. La extinción fue manejada de pésima forma, incluso hubo panistas que votaron en contra (aunque hoy no puedan o quieran explicar por qué).

Aprovechando las fallas y omisiones del Municipio, el 7 de abril de 2011 Roberto Zermeño (hijo) y Humberto González, un empresario celayense amigo de Zermeño, interpuso la demanda en la que reclamaban la devolución del estadio al Club Social y Deportivo León AC (que ellos representan).

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El 6 de junio de 2011, en la administración de Ricardo Sheffield, el Municipio contestó la demanda.

El 22 de marzo de 2012 se abrió el periodo probatorio por 40 días, y el 21 de septiembre se abrió el periodo para presentar alegatos por 40 días; no obstante que este última fase correspondió ya a la administración que me tocó presidir -teníamos apenas unos días de rendir protesta-, poco podíamos hacer: materialmente el expediente estaba listo para la emisión de la sentencia, con el trabajo jurídico realizado por la administración que me precedió.

Esta sentencia llegó el 30 de mayo de 2014. De inmediato emprendimos la defensa jurídica; había argumentos para ello: la sentencia tenía graves y evidentes deficiencias que combatimos en la siguiente instancia.

Sin embargo, la resolución favoreció nuevamente a Zermeño: la falta de candados en la constitución del fideicomiso y su apresurada extinción (bien dicen que lo que mal empieza, mal acaba) siguieron pesando más, a ojos de dos de los tres juzgadores.

Aunque la batalla aún continúa, es importante hacer una revisión porque hay personajes clave responsables de cometer estos errores: el actual secretario del Ayuntamiento, Felipe de Jesús López Gómez, y Francisco García León, quien también ocupó dicho cargo y fue el impulsor de la extinción anticipada.

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Ellos tienen que responder por su negligencia, mientras que Roberto Zermeño debe decirnos cuánto pagó por el Estadio.

¡Nos leemos la próxima semana!