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Actuemos contra la violencia en León

 

rbara Botello

Mientras en el Ayuntamiento de León discuten si favorecerán o no al síndico Carlos Medina Plascencia, impulsor de desarrollos tecnológicos para “mejorar” la seguridad pública, la ciudad vive la peor ola de asesinatos en toda su historia.

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Lo más triste es que el alcalde Héctor López Santillana teme hacer cambios en la Secretaría de Seguridad Pública y poner al frente a alguien que sea capaz de atender la raíz del problema. En vez de eso, prefiere repartir culpas e ignorar el problema.

En campaña, Héctor prometió que protegería a los leoneses como a su familia. A poco más de un año de gobierno, no me queda más que lamentar su fracaso.

Enero cerró con más de un homicidio por día, y en lo que va de febrero el promedio se ha mantenido, sin detenciones por parte de la Policía municipal.

La seguridad es un asunto que debe atenderse todos los días, requiere de la coordinación de los tres órdenes de gobierno y por supuesto del apoyo de la sociedad. Aunque es sencillo decirlo, en realidad es sumamente complejo. En el gobierno que encabecé (2012-2015), nos faltó apoyo de las autoridades estatales. En reiteradas ocasiones pedí al gobernador Miguel Márquez que se instalara una mesa de seguridad para León, y respondió siempre con negativas. Hoy cosechan lo que sembraron.

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No debe haber más pretextos.

Hace un año, Luis Enrique Ramírez Saldaña, secretario de Seguridad Pública de León, se comprometió a reducir los índices delictivos en diversos rubros. No cumplió, y peor aún: en 2016 se registró un homicidio cada dos días; este año va poco más de uno por día.

Los gobiernos municipal y estatal deben de reconocer la gravedad de la situación y hacer los cambios necesarios. Sé, por experiencia, que no son decisiones sencillas, pero tienen que tomarse.

El discurso oficial se mantiene vigente: hay que atacar la raíz del problema. Sin embargo, en los hechos esto no se ve. Tenemos un Centro para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia, cuya deficiente operación evidenció el desinterés y falta de capacidad de las autoridades municipales.

Ahí están las Plazas de la Ciudadanía, transformándose en oficinas de burócratas, y la Casa del Adolescente, que más bien parece bodega. Estos son apenas un par de ejemplos de cómo el discurso está lejos de convertirse en realidad.

Es momento de actuar.

¡Nos leemos la próxima semana!