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Flexibilización de los precios de las gasolinas

 

Bárbara Botello

Con el arranque del año, de un día para otro, los precios de las gasolinas y el diésel se incrementaron mucho más de lo que estábamos acostumbrados a pagar. Esta situación trajo un descontento generalizado que fue aprovechado por delincuentes para cometer saqueos y actos de vandalismo.

Sin duda, el fijar estos precios máximos fue un golpe a la economía de millones de mexicanos, pero la afectación hubiese sido mucho mayor si el Gobierno hubiera decidido mantener precios artificiales de los combustibles.

Detrás de esta medida hay una realidad que no podemos ocultar: Pemex no ha sido capaz de refinar nuestros combustibles; simplemente no tiene la capacidad. Se requeriría una inversión muy fuerte –de recursos que no tenemos- para dejar de importar las gasolinas.

La poco que produce Pemex ha bajado, pero nuestro consumo se ha incrementado (somos el cuarto mayor consumidor per cápita del mundo); por eso, casi el 53% de las gasolinas que consumimos son importadas y caras. Hay que tomar en cuenta que en los últimos meses el precio de barril de petróleo crudo pasó de 25 a casi 40 dólares.

Hasta finales de 2016 el precio que pagábamos por los combustibles era ficticio; había una gran diferencia entre estos precios y el costo de producción y/o importación. ¿Quién ponía el resto del dinero para que se vendiera a esos precios? El Gobierno, con el recurso de todos los mexicanos.

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El subsidio era muy fuerte, estamos hablando de casi 200 mil millones de pesos al año solo para mantener estos precios artificiales.

Como lo han explicado autoridades del Gobierno Federal: si se quisiera mantener esos precios, se tendrían que aumentar los impuestos, contratar deuda o recortar el gasto, de tal manera que el IMSS dejara de operar. Es algo que afectaría a todos, porque implicaba además desaparecer al menos seis programas sociales como PROSPERA (para quienes menos tienen); todas las campañas de vacunación, y eliminar la pensión para adultos mayores; el Seguro Popular; cancelar apoyos económicos para productores agrícolas y dejar de construir carreteras o darle mantenimiento a los caminos.

Lamentablemente, en la valoración que se hace al final no se toman en cuenta los aspectos negativos de lo que hubiera ocurrido si no se tomaba esta medida. Es difícil tomarlo en cuenta para poder emitir un juicio porque simplemente no ocurrió.

Por eso, considero que la medida que adoptó el Gobierno Federal es responsable, porque preserva la estabilidad económica del País. Nos enfrentamos hoy a las consecuencias, que pudieron agravarse si la decisión hubiese sido otra.

¡Nos leemos la próxima semana!