Las Ventanas

0
COMPARTIR

Los vientos que llegan desde Holanda

Cecilia Durán Mena

Como agüita de mayo en pleno marzo, los vientos que llegan desde Holanda refrescan el ambiente y nos dan signos de que el mundo vuelve a hacer uso de la cordura. Los ánimos xenófobos tan caldeados por el descarrilamiento de la locomotora inglesa a raíz del Brexit, por los aspavientos mediáticos del hombre del espectáculo que despacha en la Casa Blanca y por los discursos flamígeros de Marine Le Pen, se matizan gracias a los resultados electorales en Holanda. El mundo sonríe al ver que los holandeses se reconcilian con la propuesta sensata de Rutte mientras las urnas desprecian la postura populista de Geert Wilders.

Por momentos, sentimos que el estómago se nos hundía al imaginar que la Italia de 1922 con Mussolini a la cabeza, volvía a la Marcha sobre Roma y que la magia negra nos traía de regreso al Tercer Reich con un Adolfo Hitler ovacionado por las masas de inicios del milenio. El mundo se empezaba a teñir con tintas populistas y las cimientes xenófobas avanzaban a taconazo libre. Casi podíamos escuchar los motores del Enola Gay sobrevolando Hiroshima cargando en el vientre a su Little Boy.

Por momentos, nos desesperamos y sentimos que el pensamiento progresista, civilizador e integrador estaba siendo aplastado por las botas fascistas que se salían de las tumbas a las que fueron confinadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Como antítesis macabra del Ave Fénix, el desprecio a lo diferente, los discursos mesiánicos y el racismo a ultranza se alzaban del sepulcro para servir como tentación diabólica, olvidando la peor hecatombe que haya producido la Humanidad.

Te podría interesar:  Las Ventanas

Nos mesábamos el pelo, rechinábamos los dientes y con ojos desorbitados comprobábamos que las encuestas perdían validez ante resultados que buscaban separar al Ser Humano en vez de acercarlo; al constatar que una propuesta absurda para construir un muro, se convirtió en un grito de guerra triunfador; se nos arrugaba el rostro al ver a Theresa May elevando la voz para separar a su isla y verla inclinarse ante el líder que, al ver su necesidad de aceptación, la obsequió con rechazo. Buscábamos en lo más recóndito de nuestro leal saber y entender una explicación plausible y se nos saltaban las tuercas ante lo ilógico del escenario mundial. ¿Qué no aprendimos la lección?

Pero, las aspas de los molinos holandeses giran impulsados con un viento que nos trae lo mismo alegría que esperanza. El triunfo de Rutte quien derrotó en las urnas la propuesta populista de Wilders nos hace aplaudir con entusiasmo. Está claro que el triunfo no fue contundente, logró 33 escaños de los 76 que necesitaba para formar gobierno. Sin embargo, hay otra perspectiva y es la que hoy abrazo. Lo que me llena de ilusión es que los renacientes fascismos han sido frenados. Las encuestas volvieron a fallar, le daban el triunfo a la tendencia antieuropea y, afortunadamente, se equivocaron.

Te podría interesar:  Las Ventanas

Marianne Le Pen debe estar muy disgustada por estos resultados. Seguramente, está frente al espejo preguntando a gritos qué fue lo que pasó. Frotará la bola de cristal, tratando de anticipar sus propias posibilidades y sin otro afán, espero que le vaya igual de bien que le fue a Wilders. El mundo no necesita estar buscando razones de odio, las consecuencias de andar rascando las heridas de aborrecimiento son terribles. Basta mirar los monumentos memoriales de Nagasaki para recordar.

Inspiro con mucho entusiasmo los vientos que llegan desde Holanda. Celebro y salto con la misma ilusión de una pequeña frente a la chispa de esperanza que se enciende. Espero que esta centella se convierta en el incendio que fulmine los nacientes radicalismos. Deseo ver los sentimientos xenófobos y las razones racistas reducidas a cenizas. Ya habló Holanda, ahora le toca a Francia. Sean los galos los que aviven esta llama y no los que la apaguen. Espero que los discursos populistas se tropiecen con su propia lengua y que en México no encuentren campo fértil.