Guanajuatenses que participaron en la Constitución Mexicana de 1917

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dr.Artemio

La de 1857, un antecedente de la Constitución de 1917

De Constitución a Constitución, la historia del México moderno inicia con la de 1857 y concluye sesenta años después con la de 1917. Entre ellas, se desarrolla una sociedad liberal que busca romper con la tradición, lo mismo en la organización económica basada en la producción agrícola y ganadera latifundista; en las instituciones y costumbres sociales provenientes del periodo colonial, que en la dirección política autocrática y militarista.

 La bandera para el cambio es la Constitución promulgada el 5 de febrero de 1857 que establece la libertad individual como el derecho básico, seguido de sus variantes: las libertades de enseñanza, trabajo, pensamiento, petición, asociación, tránsito, imprenta y comercio. Reconoce el derecho de propiedad, sólo limitada por causa de utilidad pública, y anula la existencia de tribunales especiales para igualar la impartición de la justicia.

Destaca esta Carta Magna que la soberanía nacional reside en el pueblo y es su voluntad constituirse en una república representativa, democrática y federal, organizada en 23 estados, el distrito de Baja California y un Distrito Federal. Divide el poder público en una sola asamblea legislativa; el Ejecutivo en manos de un presidente con periodo gubernamental de cuatro años, y el judicial en la Corte Suprema de Justicia, los tribunales de distrito y de circuito. Además define la nacionalidad y ciudadanía mexicanas; limita la aplicación de la pena de muerte a casos extremos y prohíbe la aplicación de penas de mutilación y el tormento.

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Diputados del Congreso Constituyente de 1857. Foto: Especial
Diputados del Congreso Constituyente de 1857. Foto: Especial
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Por su contenido revolucionario, la Constitución de 1857 escinde al país y le lleva a la confrontación. La Iglesia católica y los grupos conservadores rechazan los artículos que dañan sus fueros e intereses –entre ellos, el 3, 5, 6, 7, 9, 12, 13, 27, 36, 39, 72 y 123–. El gobierno exige a sus funcionarios jurar la nueva ley para mantener sus empleos; pero la Iglesia amenaza con suspender la administración de los sacramentos a quienes lo hagan. Su influencia es muy amplia al ser la única Iglesia permitida desde la evangelización española y la principal institución financiera del país.

La intervención del ejército en el conflicto desata la guerra. El 17 de diciembre de 1857 el general Félix Zuloaga encabeza un levantamiento que pretende cesar la vigencia de la Constitución porque no es aceptada por la mayoría de los pueblos al no coincidir con sus usos y costumbres, ni ha sabido hermanar el progreso con el orden y la libertad, según la proclama de Tacubaya.

Así, la revolución social que se pretendía realizar con un cambio constitucional tuvo que refrendarse en los campos de batalla, donde las milicias populares de Jesús González Ortega, Ignacio Zaragoza y Santos Degollado lograron vencer al ejército profesional de Miguel Miramón, Leonardo Márquez y Tomás Mejía, respaldado por el clero católico.

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Mientras el gobierno conservador encabezado por Félix Zuloaga y Miguel Miramón se mantiene en la capital, el liberal de Benito Juárez es itinerante hasta que llega a Veracruz. Allí, en 1859 y 1860, expide leyes que reafirman la revolución liberal: la nacionalización de los bienes eclesiásticos, el establecimiento del matrimonio civil, la secularización de los cementerios, la prohibición de la asistencia oficial a las funciones de la Iglesia, y la libertad de cultos; las cuales serán luego artículos constitucionales.

Salvo interrupciones bélicas, la Carta Magna de 1857 rigió el destino de México hasta 1916. Ese año los revolucionarios constitucionalistas se propusieron reformarla en Querétaro.