De paso

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La irrupción de Andrés Manuel

 

“Al ver que no me hacían caso, me ofendí tanto,

que me levanté de la mesa…

entré en la cocina y me hice un huevo frito…

Por fin, se pusieron de acuerdo

y fabricaron un argumento, mientras yo seguía dibujando.

Cuando me preguntaron mi opinión,

tenía la cabeza tan despejada que destruí en un cuarto de hora

lo que ellos habían confeccionado en tres.

Esta vez, ellos fueron los que se molestaron

 y se fueron a la cocina a hacer huevos fritos.”.

“El episodio cinematográfico”. Jorge Ibargüengoitia.

José Argueta Acevedo

Aunque a muchos sorprenda, y a otros tantos incomode, Andrés Manuel López Obrador es el “más mexicano” de los presidenciables. El político que más auténticamente es producto del sistema. Sobre todo, por su condición paradójica.

Se presume de izquierda sin haber transitado por el marxismo; es de moral conservadora, pero se vende como progresista; se promueve como revolucionario siendo reaccionario; se supone liberal y es antiliberal…

“Claro que queremos regresar al pasado…”, ha replicado a sus críticos, entre ellos el presidente Enrique Peña Nieto.

Y precisa: “Todo depende de cómo se le quiera ver. Antes había trenes, ahora hay ruina, porque todo lo han entregado a particulares y extranjeros”.

Andrés Manuel es un profeta del pasado. De una “Edad de oro” supuesta. De un antes idílico, en donde había abundancia y todos alcanzaban, al menos, un pedazo de pan. Es “bíblico”, en tal sentido.

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Y pasa fácilmente de la multiplicación de los panes a la de los pesos.

Dice que ahora que gane la Presidencia de la República, entre el combate a la corrupción y los ahorros, obrará el milagro de que aparezcan más de 800 mil millones de pesos para arreglar al país.

Y cada vez más gente le cree, en especial porque necesita creerle. Es un asunto de fe. Una evasión.

Hay una realidad que propicia ese humor: corrupción incurable de los políticos, desmantelamiento del Estado de bienestar, pobreza en la mitad de la población, enriquecimiento delirante de unos pocos, incertidumbre económica de los muchos, inseguridad y violencia…

Venimos de regreso de la alternancia panista, que se convirtió en la promesa incumplida, no mejoró el desempeño gubernamental y en algunos casos lo empeoró.

El país ensayó el regreso de los priistas, bajo el supuesto de que el destierro de 12 años de la Presidencia de la República los hubiera hecho corregir. Pero ya se verificó que no, con un agravante: hasta lo que se supone sabían hacer bien, gobernar, lo han perdido.

Una encuesta reciente, publicada el 13 de marzo por Ulises Beltrán, da cuenta del desencanto del electorado: casi dos tercios piensan que PRI y PAN son lo mismo.

El 55% por ciento cree que el PAN tiene más oportunidades de ganar la elección presidencial, mientras el 40% lo cree de Morena. Al PRI sólo le atribuye esa posibilidad un 32% y al PRD el 11%.

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Además de encuestas y estadísticas, está el hecho cierto de que cada vez más políticos profesionales y sus grupos se están cargando al lado de Andrés Manuel. Es oportunismo, por supuesto.

Por ahora, está provocando el vaciamiento del PRD, pero también hay panistas desencantados y priistas en buena cantidad. En Guanajuato, si se consuma la fractura del PRI, muchos de sus militantes buscarán candidaturas en Morena.

López Obrador ya abarató la migración hacia su aventura. El boleto de la entrada a su Paraíso es de bajo precio, sólo hay que declarar que se quiere “el cambio verdadero” y… “Bienvenidos todos”.

En la coyuntura, se cotiza por una característica que lo distingue de los demás políticos, su entrega a su causa. Aún con sus contradicciones. También, que, no obstante esfuerzos varios, sus enemigos no han logrado que se le vea como corrupto o inconsecuente.

Con el Pueblo que se niega a crecer, como decía Ikram Antaki, su progresiva popularidad, sin embargo, no es porque se le vea como el más capaz, sino como el que mejor promete. Es quien tiene más credibilidad en ese terreno. Ha crecido porque creció la necesidad de creer.

En él se materializa el viejo reclamo de la desesperación: “¡Basta de realidades, queremos promesas!”.

 

  • Zándor

    En el caso de AMLO, igual que en de cualquiera que se candidatea para “servir” al pueblo, como la Calderona, Eruviel Ávila, Osorio Chong, o los locales F, Torres Graciano, D. Sinhué, Miguel Ángel Chico Herrera, por sus obras los conoceréis. El que quiera ver, que vea, el que quiera saber que consulte internet. La política correctamente entendida no debe ser cuestión de fe.