De paso

0
COMPARTIR

Guanajuato opaco

“Es algo tan esencial como la necesidad de lavarse.

Es cuestión de armonía, de conseguir un equilibrio

vital e imprescindible de uno mismo.

Ese equilibrio es lo que llamamos moral.”.

“Némesis”. Jo Nesbo.

José Argueta Acevedo

A contrapelo de las tendencias democráticas más acusadas hacia la transparencia, el gobierno estatal se resiste a informar (de verdad) sobre cómo está la administración, qué hizo en el último año y qué se propone hacer en el siguiente.

Como si fuera el dueño de la información y el rumbo social, no los ciudadanos.

Así se vive esta puesta en escena del Quinto Informe de Miguel Márquez.

Existe, hoy, con los panistas, como ayer, con los priistas, un rechazo a informar bajo el designio de que los asuntos públicos no son de la incumbencia de los guanajuatenses.

Para ello, se ha llegado a, cada vez más, groseras simulaciones.

Se entrega un informe escrito a los diputados, el cual no se hace público.

Se organiza un acto político fuera del Congreso, exclusivamente para lucimiento del gobernador, donde todos aplauden su “mensaje” y nadie cuestiona.

Se hace una “glosa”, que para esta vez someterá a los secretarios del Gabinete a una batería de preguntas de los diputados, lo cual empobrecerá aún más el ejercicio.

Porque tenemos diputados con escasas luces, poco dados al estudio y al trabajo. Y lo peor, sin convicciones ni representatividad.

Te podría interesar:  De Paso

El PAN lo sabe, por eso ofreció esas breves sesiones de tortura de los secretarios, que, además, le sirven para fingir disposición a la transparencia y a la rendición de cuentas.

Otra vuelta de tuerca para ocultar la información, y las intenciones, como ocurre con “La carta robada”, en el cuento del mismo nombre, de Edgar Allan Poe.

El método es que, en medio de un cúmulo de datos, y a la vista de todos, se oculta la verdad.

“Ahí está”, se dice, pero ésta sólo podría desentrañarla un nigromante que tuviera toda una vida para hacerlo, no un ciudadano común y corriente.

De lo más sensible, luego del 5° Informe, es que no sabemos de qué tamaño es la inseguridad que padecemos. Tampoco si se hará algo y qué para disminuirla.

En México, el ejercicio de informar existe desde el inicio de la República, en 1825, con Guadalupe Victoria. De inmediato se empezaron a echar a perder las cosas, y ese acto se convirtió en adoración al presidente.

Con los años, la genuflexión se fue reproduciendo en estados y municipios, creándose la tradición mexicana de el “Día del presidente”, del gobernador o del alcalde…

A despecho de infinidad de reformas pro democráticas, eso perdura como testimonio máximo de que el autoritarismo no acaba de morir ni la democracia acaba de nacer.

Cuando, luego de décadas de sumisión ciega al presidencialismo, el país empezó a moverse, en 1988, un diputado, Porfirio Muñoz Ledo, interpeló al presidente, Miguel de la Madrid, en su informe.

Te podría interesar:  De paso

Luego, el mismo Muñoz Ledo diría a otro presidente, Ernesto Zedillo, que no olvidara el valor de la representación legislativa, porque: “Todos juntos somos más que vos”.

Pero esa prometedora ruta se malogró. Con el presidencialismo de petate de Vicente Fox, cualquier diputado se atrevió a vilipendiarlo, al grado de impedirle el acceso a la tribuna del Congreso.

A ese autoritarismo se respondió con otro peor. El presidente ya no comparecería, solo debía entregar el informe por escrito. Se anuló esa mínima obligación del acto republicano de informar.

Sin que hubiera habido iguales motivaciones, en Guanajuato se copió el modelo, con todos sus defectos.

Al entregar su informe por escrito a los diputados, el gobernador cumple con ellos, pero no con los guanajuatenses, a quienes se da una versión manipulada, con propósitos propagandísticos.

Por eso, debería haber una disposición ética y legal para que se obligue al gobernador a informar a todos los guanajuatenses. Y no mediante un registro contable.

Debe haber una evaluación de lo invertido respecto a los resultados, de los problemas actuales y de lo que se requiere para solventarlos.

De mantenerse las cosas como están, a pocos años el ejercicio no sólo resultará de lo más extraño a los guanajuatenses sino también de lo más grotesco.