Con TONYSON

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Batallas Napoleónicas

Si los Bravos de León se recuperan exitosamente de ésta, habrán podido vencer al destino. Como en las históricas Batallas Napoleónicas, los leoneses han resurgido en medio de una y tantas guerras que simulan gestas de ‘Le Petit Caporal’. Unas por descuidos, otras por prisas y unas más, por previsiones y enemigos.

El pasado 10 de marzo, se cumplió un año de los primeros rastreos del retorno de los Bravos de León; en este espacio, antes que todos, le comentaba, lector, que desde la Comisión Municipal del Deporte en León existía ya un interés arraigado por regresar el beisbol a la ciudad zapatera, esto en conjunto con el empresario Mauricio Martínez.

Luego de haber desaparecido en 1991, los intentos por retornar fueron múltiples y las novedades pocas. Con Mauricio Martínez al mando y un grupo de empresarios, hasta entonces desconocido, comenzaba a desempolvarse la franela. Pero las ‘Batallas Napoleónicas’ tendrían que lidiarse desde entonces; en diciembre pasado, en medio de un desconocimiento generalizado, fue relanzado el equipo con gran enjundia… sin embargo, la Liga Mexicana de Beisbol, sabía poco del tema. No estaba avalado y faltaba las dos cosas más complicadas: la reavivación del equipo y del estadio.

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La liga no quería la intromisión de nuevas arcas, en particular el grupo liderado por los Diablos Rojos; Plinio Escalante estaba nuevamente en el ojo del huracán y las asambleas ya eran festines desequilibrados de manoteos al azar. Ante todo, los Bravos salieron abantes y el proyecto, a través de la mudanza de los Broncos de Reynosa, recibió –por fin- luz verde.

Con esto comenzarían los trabajos apresurados en el Domingo Santana, mientras el roster iba tomando forma. De entre las 400 nuevas obras que utiliza como medallón la actual administración leonesa, el parque beisbolero era una de las más importantes, aunque también comenzó mal; fue tomado a mal por el colectivo el anuncio de tirar el velódromo, a pesar de que éste ya no mostraba condiciones idóneas. Fue una guerra más, que para pronto, se detuvo. Posteriormente, el anuncio de los boletos –inasequibles- fue un ‘botón de pánico’ más por los fervientes que habían esperado más de dos décadas.

Y se llegó la hora. Los Bravos debutarían a finales de marzo ante los campeones… aunque no en casa, pues el estadio aún no había alcanzado su punto; luego, el fechado indicaría el cuatro, y luego más, el ocho de abril, para el debut en casa. Finalmente, fue apenas el 19 de abril el reencuentro con los suyos en el Domingo Santana, luego de que el 18, los lúmenes de la iluminación no cumplieran con lo requerido y la primera batalla –otra de corte Napoleónica- fuera suspendida. Ya durante el primer cotejo el pasado miércoles, una estructura metálica cayó en el jardín central, cosa que pararía el duelo por más de dos horas, y con tres personas levemente lesionadas. Era la última de las desgracias. Una batalla napoleónica más, que los Bravos, tendrán que sortear para ir contra el destino y la acelerada planificación. Ojalá, la luz les alcance pronto… y no es sarcasmo cuando hablo de luz.