Con TONYSON

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Arquetipos deportivos

No sé qué pasa, sigo buscando una respuesta –aunque sea un poquito- sólida. Ayer me di cuenta que no era el único que pensaba así “¿Qué ‘carajos’ pasa para que los deportistas con discapacidad resulten más ganadores que los convencionales, aun cuando los primeros no cuentan ni con las becas, ni la infraestructura ni la atención mediática?”, algo así, con más-menos palabras (algunas altisonantes y una que otra incoherencia) pregonaban mis colegas Jesse Villalpando y Lombardo López ayer. Lo mismo que he pensado desde que tengo noción.

¿Dónde estará el meollo del asunto?; es una interrogación apurada. Ayer por la tarde, la Code organizó un evento para premiar a los medallistas de los pasados Parapanamericanos Juveniles; mismo evento que ha tenido ocasión para los convencionales, los olímpicos, panamericanos, etcétera. Pero con la delegación en el rubro de discapacidad que asistió a Brasil, sucede algo curioso; la cantidad de medallas recolectada es abismal, y lo más notable fue que lo lograron una pequeña cantidad de deportistas: ocho, para ser exactos.

México, como es costumbre en el rubro, fue potencia. Se sumaron 73 medallas con 96 atletas en competencia; por Guanajuato el número acuñó 18 metales, 17 para la natación y uno (que tendría que contar como cuatro) por el basquetbol sobre silla de ruedas. Fue un 25 por ciento del total nacional y si Guanajuato hubiese competido como país superaría a Canadá, Estados Unidos y República Dominicana, entre otros, en el medallero.

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¿Por qué en los deportes ‘paralímpicos’?, ¿Por qué no en los ‘olímpicos’? No cabe el argumento de que la competencia resulta más sencilla, porque así como un convencional lucha su ‘guerra’ contra un convencional –de alto rendimiento, por supuesto-, un deportista con discapacidad lo hace contra otro de discapacidad –incluso, existen categorías bien delimitadas dentro de la discapacidad- y no hay alguien que pueda más que otro.

En los Parapanamericanos pasados de Toronto 2015, la delegación mexicana fue la cuarta mejor, habiéndose adjudicado 113 preseas, 38 de ellas de oro. Por encima, sólo le quedaron Brasil, Canadá y Estados Unidos, por debajo, otros 12 países. En los Paralímpicos de Río 2016, México cerró como la delegación 29 con 15 medallas, en competencia con 83 países.

Con esto se deduce que en México e inicialmente en Guanajuato, el deporte adaptado debe vencer ese rango de la maldita indiferencia (que por supuesto, no nos lleva a nada). Parten de un irónico caso en el que los resultados ya se establecieron y se comprobaron, y ahora la tarea queda desde las trincheras administrativas: ahí está el querer y el no querer o el gestionar y no gestionar. Pronto, hablando por Guanajuato, existirán por lo menos –desde mi personal punto de vista- tres atletas a seguir que si el camino les extiende llegarán hasta donde quieran llegar: los hermanos Gutiérrez Bermúdez, Raúl y Juan, y Yollotl Juan Humberto, un trío de buenas personas y grandes deportistas, que claro que han aprovechado los millares de litros de agua que guardan las ‘fosas’ guanajuatenses. El éxito, pronto les recompensará con merecimientos por ser desde ahora arquetipos deportivos.

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