CON TON Y SON

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Afortunado trienio

Eran casi las 8:00 de la mañana del sábado 13 de febrero de 2014. Recuerdo que al abrir la gruesa puerta de madera con unas llaves prestadas, se percibían dos cosas particulares: un penetrante olor a Fabuloso y una paz incomparable. Desde aquel momento me sentí como si hubiera llegado a casa.

De aquel sábado en el que mi ‘primera orden’ era dar cobertura a un evento infantil de atletismo, han pasado exactamente tres años, tres meses y siete días. Hoy les digo adiós.

Para pronto entendería que aquel aromatizante de limpieza no era más que una macabra obra de la siempre indispensable señora Lety. Y la paz, seguramente, porque durante toda mi estancia en la oficina de León del Periódico Correo me tocó corroborar que es un espacio con tremendísimas personas.

Los aprendizajes, las opiniones y el crecimiento constante vienen por añadidura. Y aquí pasaron ciertas cosas: varios ciclos deportivos, que van desde los recientes Olímpicos hasta los Centroamericanos, y en el sector local tres años dicen mucho, como que por ejemplo, el Club León confirmaría su bicampeonato en la Liga MX, o la siempre fortunosa ocasión de estar en la primera entrevista donde se aseguró un retorno de los Bravos de León a la LMB. Así también, ciclos de Olimpiada Nacional, Campeonato Mundial de Rallies o de Motocross, que le han venido a aportar una dosis peculiar a Guanajuato. Muchos deportistas de la entidad también brillaron a través del paginado en blanco y negro o color, según el caso.

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Hoy me voy cuando he crecido lo que he querido, porque así me lo han permitido. Finalmente, Armando Fuentes Aguirre ‘Catón’ perjura que la persona rica no es precisamente la que acumula mayor cantidad de dinero. Aquí fui rico en todos los sentidos, y en el baúl de las experiencias me llevo conmigo lluvias y hasta granizadas con sentido peculiar de inundación, historias de vida, alegrías y uno que otro reclamo de aquellos que piensan que somos enemigos por opiniones encontradas.

El buen bonche de amigos es el mayor legado. Por las oportunidades que me permitieron vaciar los tinteros tengo que agradecer el empuje de la Contadora Clara, los ánimos del ‘tocayo’ Óscar y las crónicas que recientemente me permitió como se le permite a un loco, Manuel Mora. En el lapso pasaron muchos compañeros, amigos y periodistas, de los que me llevo experiencias, grandes trabajos y muchas páginas entintadas. Habrá un espacio especial también para Diego y Yehosafat, el dúo dinámico que se encargó de darle forma a las letras que mandé. A Damián, uno de los mejores periodistas que conozco, y Catalina, por la defensa al “mejor oficio del mundo”. Y así, hasta terminar el listado con el último de los compañeros con los que hasta hoy comparto… ¡infinitas gracias!

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Es momento de bajar el switch. Llevarme el cuadro cafetalero que tengo colgado en la pared y dejar muchos amigos; finalmente me habré sentido afortunado por tener un trienio como el que muchos desearían: gozoso. Ya nos veremos, Correo, no me olvides y te deseo la mejor de las suertes, que eres una gran empresa.